La tarde declina. Cae pesada
sobre mis hombros ya cansados;
por el sol, de cierto sonrojados;
por la sombra de las nubes, negada.
Como barca que costea una isla lejana,
con un par de remos astillados,
sondeo tu presencia...tan cercana,
tu consuelo que levanta a los cansados.
Cuando estoy casi llegando a la orilla,
para anclar sobre ti mis ansiedades,
pensamientos me caen como polilla,
que corroen mi mente con pesares.
Quieren comer toda mi barca
e impedirme llegar a tu presencia;
dejarme ahí, atado a un ancla
y pagar cada día mi sentencia.
Mas cuando el agua llena el espacio
que da forma la madera enmohecida;
cuando mi alma se declara ya vencida,
tu calor me revive...despacio.
Toma mi barca de remos gastados.
Toma mi vida, Dios, en tus manos.
Ven a la orilla, pisa la arena,
déjame ver tu mirada serena.
C.C.B / febrero 2011
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