Violeta era una niña que gustaba de salir a caminar por el bosque que se encontraba enfrente de su casa. Era un bosque muy grande y bonito. En él vivían muchos árboles, animales, flores y demás. En medio del bosque corría un río, junto del cual había una piedra donde un tal Sam del bosque –que quizá ustedes ya conozcan- se paraba y jugaba con su violín hecho de corteza de árbol y retazos de hojas, mientras que los animales se reunían a su alrededor para deleitarse con la música. Cada vez que podía conseguir el permiso de sus papás, Violeta caminaba por los senderos del bosque hasta llegar al río para estar en medio de los animales, que danzaban desordenados. A veces, Violeta cantaba alguna canción, entonces los animales se acurrucaban en la hierba para escucharla. Pero claro, los pajarillos permanecerían revoloteando y silbando por encima de Violeta.
Cierto día, recién comenzada la primavera, Violeta se levantó de su cama –aún un poco dormida- y caminó hacia la ventana. El poco sueño que aún arrastraba, se disipó cuando recordó que ese era un día muy especial. Violeta miró hacia el cielo y lanzó un grito -¡Hoy es mi cumpleaños!-.
Un colibrí que iba volando cerca de la casa recibió el grito casi en el oído – éste colibrí sí tenía oído- y estuvo a punto de desplomarse sobre el piso. Espantado, voló hacia el bosque, y cuando llegó al primer árbol, recordó las palabras que había escuchado. -¡Oh! ¡Hoy es el cumpleaños de Violeta! –Se dijo a sí misma el ave- tengo que decírselo a los demás. Voló por el bosque anunciando la noticia y los animales se reunieron rápidamente en la piedra de Sam.
-¿Porqué no le hacemos un pastel?- dijo una oveja, aunque su voz no fue muy apreciada por las demás voces roncas que se escuchaban.
- Deberíamos de inventarle una canción- dijo Sam del bosque, mientras comenzaba a tocar su violín, el cual fue enmudecido por el ala del colibrí.
-Oigan- anunció una pequeña mariposa de colores- , Se me acaba de ocurrir una idea…
Después de hacer los deberes en su casa, Violeta se colocó su sombrero morado y salió, dispuesta a caminar por los senderos del bosque. Caminó y caminó hasta llegar cerca del rio, y se sorprendió de no oír el murmullo proveniente de la música. Cuando llegó a la piedra de Sam, sus ojos no podían creer lo que veían, o mejor dicho, lo que no veía. No había animales, ni música ni danzas. -¿Qué habrá ocurrido aquí?- pensó Violeta. Volteó hacia el piso y vio una pequeña hoja de árbol que tenía escrito lo siguiente:
“Violeta: Siento mucho molestarte, pero hoy debí salir de casa y dejé solos a mis quince hijos. Creí que tú podrías darles algo de comer y contarles un cuento. Gracias, eres muy amable. Atentamente, la mamá Osa.”
Apenas leyó el mensaje, Violeta tomó el sendero que conducía a la gran casa de los osos y se apresuró por llegar antes de que los pequeños ositos hicieran destrozos. Para su sorpresa, los ositos estaban bien sentaditos y esperaban su llegada, ansiosos de escuchar un cuento. Violeta se sintió aliviada cuando vio cerca de ella un folder que contenía muchos cuentos. Tomó uno y comenzó a leerlo.
El cuento se llamaba “Feliz cumpleaños Juda”. Y aunque te parezca extraño, las hojas que tomó Violeta de aquél folder, son las mismas que ahora tiene Judá en sus manos.
Mientras Violeta leía el cuento, una pequeña mariposa entró al cuarto donde estaban y la abrazó con fuerza, mientras le decía “Feliz cumpleaños Judá”. Inmediatamente, entró un venado, trayendo consigo un helado. Después de él, entró una cigarra, tocando con fuerza una guitarra.
Para sorpresa de Judá, perdón, de Violeta, después de la mariposa, el vendo y la cigara entraron muchos animales cantando las mañanitas y batiendo las palmas. La abrazaron y todos rieron. Tal vez no le dieron muchos regalos, pero estaban ahí, para agradecer a Dios el regalo de la vida. Un año más en esta tierra, un día más en su presencia.
Y colorín colorado, esta fiesta no ha acabado.
;)
marzo,2011
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